Políticos y votantes sin complejos

La manera cómo ha ganado Isabel Díaz Ayuso, que no el PP, las elecciones autonómicas a la Asamblea de Madrid el pasado 4 de mayo de 2021 demuestra que los discursos en positivo e ilusionantes son mucho más efectivos que cualquier estrategia electoral elaborada desde un análisis pormenorizado de los datos demoscópicos hasta el último detalle, aunque sea insignificante a nivel estadístico, desde un despacho alejado de la realidad cotidiana.

Con esto no quiero decir que Miguel Angel Rodríguez no haya estudiado ni analizado a fondo la estrategia que ha diseñado para que Isabel Díaz Ayuso gane estas elecciones, sino que tampoco suena muy nuevo el hecho de que un discurso proclamado con una sonrisa de oreja a oreja, aunque se digan auténticas mentiras a nivel social, político y económico, gane por goleada frente a opciones permanentemente cabreadas que transmiten una sensación de riña y de paternalismo hacia la población a la que están dirigidas. Opciones que no han sabido ver que la frivolidad, la alegría y la felicidad han sido los principales motivos que han movido a los electores a votar por Isabel Díaz Ayuso. La candidata ha conseguido hacer del PP, tal y como explica Pablo Simón: “una formación desacomplejada ideológicamente”. Y, posiblemente, este desparpajo y descaro, sin importarle si le llaman fascista, sea la consecuencia política más importante de la victoria de Ayuso. Consecuencia que ha recorrido 600 kilómetros y se ha instalado en la sede de ERC. Que Pere Aragonès se haya planteado la opción de gobernar sin Junts per Catalunya se enmarcaría dentro de esta lógica y más después de las acusaciones de traición, “botiflers”, que condicionaban hasta extremos desesperantes las negociaciones para formar gobierno en la Generalitat de Catalunya, delante de la sede de ERC por parte de seguidores de Junts per Catalunya. Otro ejemplo de esta lógica es que, para explicar el acuerdo de gobierno entre ERC y Junts per Catalunya, Pere Aragonès haya señalado en primer lugar que “podemos decir que hemos superado las dificultades y lo hemos conseguido para evitar repetir elecciones” en vez de explicar a la ciudadanía la supuesta bonanza y positividad de haber alcanzado un acuerdo para gobernar Catalunya en los próximos años en los que una buena gestión de los fondos europeos para paliar la crisis derivada de la pandemia del COVID-19 será una inmejorable oportunidad para ampliar la tan ansiada base del independentismo.

Una segunda consecuencia de la victoria de Isabel Díaz Ayuso sea la abertura de un debate sobre la calificación de los votantes a determinadas opciones políticas. Fue Juan Carlos Monedero quien inició el debate con sus polémicas declaraciones en la Cadena Ser y Angelica Rubio le replicaba en Al Rojo Vivo que los discursos de clase a la hora de explicar el comportamiento electoral ya no sirven porque no estamos en el siglo XIX. Habría que decir que las condiciones laborales de un camarero en el siglo XXI tampoco es que sean un paraíso de los derechos laborales teniendo en cuenta su precariedad laboral en forma de largas jornadas, pocos descansos, bajo salario y, posiblemente, economía sumergida. Podemos estar de acuerdo en que afirmar que los votantes de una determinada formación política son tontos es muy peligroso porque podría ser un ataque directo a la esencia misma de la democracia que es una persona un voto. El problema es que, entonces, no sé cómo llamar a aquellas personas que votan determinadas opciones políticas que, sistemáticamente, mienten (y son hechos probados) o que abogan por la prohibición o eliminación de determinadas ideas o colectivos que no piensan como ellos y que son racistas, xenófobas o machistas. El problema es que, entonces, surgen preguntas incómodas de formular y difíciles de plantear como, por ejemplo, ¿cuántos jóvenes NI-NI han votado a Vox? A los inmigrantes latinoamericanos que han votado a Isabel Díaz Ayuso o a Vox ¿les parecería bien que el mismo discurso que se aplica a los inmigrantes que cruzan el Mediterráneo en pateras se les aplicara a ellos? Isabel Díaz Ayuso supo enmascarar, difuminar, enturbiar, confundir a la ciudadanía madrileña sobre la verdadera naturaleza de esa cita electoral y que se resumen en la reflexión que hacía Antonio Gil, gerente del bar La Prensa de Madrid: Han comprado que sólo con el PP puede haber libertad, pero al menos 20 personas que venían a este bar de vez en cuando han muerto durante la pandemia ¿merece la pena el peaje? Por eso ganó.

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