Ya tengo hora para la vacuna

Ya me han dado cita previa para la vacuna contra el COVID-19 y estoy contento. Después ya vendrán la insana necesidad de darle vueltas a todo y que si cual me ponen, que cuándo será la segunda dosis si es que la necesito, que cuánta cola tengo que hacer… Hoy todo esto me da igual: tengo hora para la vacuna.

Después de curiosear unos cuatro días antes la web de https://vacunacovid.catsalut.gencat.cat/inici?qtoken=1519f962-6487-4963-b38a-13aa5779a0fb y tener la decepción de que ayer, 1 de junio de 2021, todavía no podía entrar; hoy ha llegado la noticia. A las 14:35 he recibido un whatsapp en un grupo de amigos informando que las personas entre 45 – 49 años ya podían pedir hora. Y todos los del grupo nos hemos puesto como locos a pedir hora e informar al resto. Y de esta misma manera con tres grupos más de whatsapp. Además, ha habido un miembro del grupo que ha enviado la noticia que Sanidad propone la abertura del ocio nocturno hasta las 2 de la madrugada y ya estamos todos pensando en cómo celebrarlo. Me he conectado con la web a las 16:33 y me han informado que podría acceder al cabo de 9 minutos porque había delante de mí 35043 personas de mi generación solicitando hora. Efectivamente, después de informar que quedaba menos de un minuto para poder acceder, en la web ha sonado una melodía y a las 16:45 he podido acceder y cumplimentar los datos. En un principio, había escogido la facultad de Geografía e Historia pensando que estaría menos llena y me darían hora antes pero no. Sorprendentemente, en la facultad me daban hora para el sábado 12 de junio. Es la vacuna y tenemos ganas de ponérnosla, pero tampoco hay que volverse loco y perder un fin de semana. Que en el sector turístico ya perdemos suficientes fines de semana a lo largo de la temporada. Así que he cambiado de lugar y tengo hora para el viernes 11 de junio por la mañana. Reconozco que, cuando ha salido en la pantalla que la cita se había solicitado con éxito, mi cabeza se ha trasladado a los 90 con los primeros acordes de la canción de 2 Unlimited “Get Ready for This”. Después, obviamente, he regresado al futuro y compartido por whatsapp con familiares y amigos la buena nueva, herencia de nuestra tradición cristiana de proclamar las buenas noticias.

Ahora sólo queda esperar una semana y media a que llegue el esperado día si bien hay que reconocer que, trabajando presencial gracias a un incremento de jornada del ERTE, ni me he acordado de mirar esta mañana la web, en la estela de la Ética protestante y el espíritu del capitalismo de Max Weber. Con el incremento de trabajo tampoco tenía la cabeza en ello debido, sobre todo, al deseo real de volver a enero de 2020 con la perspectiva de tener por delante un incremento cualitativo de trabajo. Hace tiempo que como ciudadanía rechazamos ir a una nueva normalidad en todos los aspectos de nuestra vida. Ya no se quiere aprender nada del primer confinamiento ni de sus buenas y naif intenciones, que se volvieron un agobio con el segundo Estado de alarma y un incordio a lo largo de este invierno. Ya no se trata de que el hecho de llevar mascarillas haya sido la causa del significativo descenso de las infecciones por gripe y resfriados. Ya no nos creemos la supuesta panacea que representaba el teletrabajo en nuestras vidas. Está bien para uno o dos días a la semana como mucho pero la facilidad en la comunicación, la rápida resolución de pequeñas dudas y problemas de lo presencial, la coordinación interdepartamental han frenado el ímpetu de los primeros días del confinamiento en los que se iba a acabar la oficina. Se trata de volver a nuestra loca, estresante, divertida… vida allá por 2019.

Quien más y quien menos, podríamos decir que todos nos hemos saltado las normas ya sea a nivel estatal, autonómico o local. No queremos ser una sociedad ordenada y perfecta…

porque tampoco han sabido combatir con efectividad al virus. Siguiendo la tradición cultural libertaria mediterránea, somos una sociedad desordenada en la que primero obedecemos porque lo dice la autoridad y, después de analizar las normas que tenemos que obedecer, nos saltamos mayoritariamente las consideramos absurdas,

ya sea a nivel particular (que se lo pregunten a la ciudadanía que está prefiriendo ponerse la segunda dosis de Astra Zéneca en contra de lo recomendado por el Ministerio de Sanidad o a las familias que se juntaban en el parque después de recoger a su prole en los centros educativos) como a nivel colectivo (las veces que se han mezclado los grupo burbuja en dichos centros educativos, el cumplimiento laxo de la hostelería a la hora de llenar las terrazas y los restaurantes o el simple uso del transporte público y su incompatibilidad con la distancia de seguridad).

Ahora sólo queda esperar el momento del pinchazo. Un momento que nos recordará que, aunque estemos en una sociedad narcisista e individualista, pertenecemos a una comunidad de ciudadanos iguales, con nuestras virtudes y nuestros defectos. Una ciudadanía con nuestros derechos y también con nuestros deberes para con la comunidad, como es el acto de vacunarse frente al dichoso virus, el cual acabaremos recordando como un mal paréntesis en nuestras mediterráneas vidas.

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