Cambiar la S de socialdemócrata por la S de socialista

Tal y como expuse en mi artículo titulado “Ensayo sobre la Izquierda” los tres grandes errores, añadiendo un cuarto en este artículo, que ha cometido el PSOE y la socialdemocracia europea en su conjunto han sido:

  1. La deriva de su posición ideológica al centro para acabar aplicando las mismas políticas neo-liberales que el Partido Popular, perdiendo sus señas de identidad como partido político.
  2. La defensa a ultranza de los derechos de los trabajadores y, más adelante, de los ciudadanos en general, fue una prioridad esencial en el desarrollo de la sociedad occidental. Ahora bien, una vez asentados los derechos sociales y civiles, la izquierda no ha sabido capitalizar toda la parte de deberes que, también, tiene la ciudadanía.
  3. El lenguaje políticamente correcto ha supuesto un corsé en el que se ha metido la Izquierda progresista, que le ha reportado caer en trampas, a veces, estériles que la realidad social no acaba muy bien de entender.
  4. Los mecanismos de organización interna del partido han quedado un poco obsoletos y necesitan de una actualización en el que la transparencia, la firmeza ante cualquier hecho ilegal y la comunicación externa sean los ejes principales en la nueva forma de organizar el partido.

El primer error que explica gráficamente el resultado de la derrota del grupo socialdemócrata en las últimas elecciones europeas, si bien han aumentado su presencia en el Parlamento Europeo en 7 diputados, ha sido la pérdida de las señas de identidad propias de la Izquierda en las políticas económicas aplicadas para contrarrestar la gran crisis económica que padece el mundo desde 2008. Joaquín Almunia, en una entrevista a El País el pasado 1 de junio, esgrimía como un objetivo básico para recuperar la confianza de los ciudadanos el “buscar un espacio más amplio; abrirse a otros sectores del electorado”.

Señor Almunía, me parece que usted no entiende que el electorado no es un conjunto de segmentos de mercado ni targets a los que dirigirse con unas acciones comerciales y de marketing específicas. El electorado son los ciudadanos con unas posiciones ideológicas más o menos definidas en el gran eje izquierda – derecha. Si, como afirma más adelante en la entrevista, asume que el gran problema de la socialdemocracia ha sido que “cuando llegaba al poder, tenía que arrumbar las grandes promesas anunciadas en campaña porque no eran consistentes con políticas económicas solventes”, ¿Cómo quiere que, con este discurso, el electorado encuentre creíble a los partidos socialdemócratas? ¿De qué se extraña Felipe González en la victoria de Podemos? En otra entrevista el mismo día, Patxi López apuntaba que el PSOE no ha sido capaz “de dar respuesta a tanto sufrimiento. Hay que traducir nuestras propuestas al lenguaje de la calle

La desigualdad social se ha acentuado en toda Europa a partir de la crisis. En los suburbios de París 7 de cada 10 habitantes viven bajo el umbral de la pobreza, Oxfam ha presentado un informe “Tanto tienes, ¿Tanto Pagas? en el que la principal conclusión es que las familias españolas aportaron el 91,52% de la recaudación en el ejercicio del 2011 mientras que las grandes empresas sólo aportaron el 1,98%, los tremendos ajustes en Grecia…

Y, ante esta situación en la que se ha acentuado la brecha entre ricos y pobres, la única solución hasta la fecha ha sido aplicar políticas de austeridad para reducir el déficit público. ¿Se refería el Sr. Almunia como política económica solvente el anuncio del Presidente del Gobierno de bajar el tipo del impuesto de sociedades para las grandes empresas del 30% al 25%? Una medida esperadísima para la gran mayoría de los ciudadanos que ven como les son recortados sus derechos sociales, que ven como se recortan los presupuestos de Sanidad, Educación, I + D… ¿O a lo mejor se refería a los 50.000 millones de euros en recortes que quiere aplicar el Primer Ministro Valls en Francia?

Cuando me refiero a recuperar la S de Socialistas es porque ahora resulta que la socialdemocracia mundial parece que haya descubierto la “desigualdad social” con el libro “El capital en el siglo XXI” de Thomas Piketty, parafraseando al gran olvidado y denostado Karl Marx, y el uso del vocablo por el Presidente Obama en el último discurso del Estado de la Nación. ¿Acaso antes de la crisis no había desigualdad social? ¿Tan cegados estábamos todos? Posiblemente, una de las principales causas de la no victoria socialdemócrata haya sido, tal y como apunta Nicholas Carnes, que los políticos electos socialdemócratas hayan ido ascendiendo socialmente mucho más deprisa que los ciudadanos que les han votado y, como consecuencia de ello, se hayan ido despreocupando de las necesidades de la clase media. Básicamente, estamos hablando que el PSOE, que lleva tanto tiempo en el poder o como única alternativa para llegar al gobierno, se ha institucionalizado demasiado: se ha estancado, no ha sabido adaptarse a las necesidades que en cada momento ha tenido el electorado que le votó. Al final, el hecho de preocuparse más por llegar al gobierno le ha reportado olvidarse de quién le vota y por qué.

No nos engañemos, aquí nadie está por implantar una república socialista en España. Los ciudadanos tienen bastante asumido, por desgracia, que siempre habrá ricos y pobres. Y que, quién más quien menos, aspira a ser rico, posición muy egoísta y muy americana por otra parte, y una vez conseguido “si te he visto no me acuerdo”. El problema está en que el ciudadano medio percibe que, por un lado, los grandes partidos políticos les están poniendo los mismos obstáculos, los recortes, para ascender en la estructura social y, por el otro, que los que más tienen no se les grava en impuestos cómo debería gravárseles. No se trata, como dice Piketty, de que las rentas del capital crezcan a un ritmo más rápido que la economía real. Se trata de que paguen en consonancia con esas rentas. No se trata de que los ciudadanos con mejor nivel educativo y con habilidades tecnológicas desarrolladas prosperen más que los que carezcan de ellas, como propone el economista Taylor Cowen, al cual habría que preguntarle cómo se obtiene ese mejor nivel educativo sino es con ingresos que, posiblemente, vengan de familias con alto poder adquisitivo y si todos los ciudadanos tienen la misma oportunidad de acceder a ese mejor nivel educativo. Se trata de cuestiones como la corrupción política, tal y como apunta el Sr. Naïm en su artículo del pasado 25 de mayo en El País, y su prácticamente total impunidad ante la justicia, se trata del fraude fiscal y la evasión de impuestos por las grandes fortunas, se trata de reformas estructurales que favorecen los intereses de las élites económicas como la última reforma laboral del gobierno del PP.

Por todos estos factores, el PSOE tiene todo el recorrido político que ha ido perdiendo en su deriva ideológica hacia el centro, como consecuencia de su extensa institucionalización a lo largo de las últimas décadas.

5 comentarios en “Cambiar la S de socialdemócrata por la S de socialista

  1. Estimado Sr
    Es que creo que la izquierda no tiene discurso en la actualidad. El estado del bienestar se basa en el consumismo: mucha recaudación de la gente que hace dinero con las empresas para conseguir repartir mejor esa riqueza entre todos.
    En los años 40-80 tenían a las Repúblicas socialistas: Cuba, URSS, China, etc como ejemplo. Pero cuando cayó el muro todos vimos lo distante de la realidad de esas sociedades: falta de libertad, ningún estímulo para la mejora a excepción del miedo, un igualitarismo espeluznante, no pensamiento propio para nadie.
    La izquierda ahora es simplemente un negar a los que mandan. No hay un aporte distinto: replantearse un estado del bienestar distinto donde tengamos menos “comodidades innecesarias” pero todos; seguridad para todo tipo de creencias, expresiones, etc; control de los ingresos de todos (futbolistas, etc); no aprovechamiento de lo público para situación personal (cine, artistas, etc); replanteamiento del sindicalismo hacia algo nuevo (no lo sé, pero lo que hay no tiene sentido ahora), admitir cierta desigualdad (hay hijos de ricos que no hacen nada y dilapidan la fortuna de sus padres y pobres que se hacen ricos por tener buenas ideas), etc.

    Esa izquierda no existe. Sí hay un nostalgicismo (no existe esta palabra) sobre una izquierda necesaria en un mundo de mitad del siglo XX. Pero eso ya pasó.

    Ha cumplido su función y hay que inventar algo nuevo. Por ahora solo queda una idea destructiva de lo otro. Nada más. Y así no se construye una sociedad.

    • Muchas gracias por sus comentarios.
      Si bien puedo estar de acuerdo en el desastre que supusieron las dictaduras socialistas por su mala aplicación de la utopía comunista, no deja de ser verdad que, en el fondo, la sociedad actual tampoco ha cambiado tanto de la sociedad de, por ejemplo, el crack del 29. El sistema capitalista sigue siendo el mismo por lo que, también, siguen siendo válidos todos los argumentos que luchan contra la desigualdad que genera dicho sistema. Lo hemos visto claramente otra vez en la crisis del 2007. En los años previos a la crisis nos volvimos todos ciegos ante la cantidad de dinero que cada uno podía disponer en sus bolsillos y, por eso, podía parecer que las ideas de izquierdas dejaban de tener sentido. Pero como se ha visto, era una mera ilusión.
      Creo que el Estado de Bienestar no se basa en el consumismo. Es una corrección del sistema capitalista que es el que se basa en el consumismo para sobrevivir. Pero esto es un detalle del que no se han dado cuenta todos los adalides de la “austeridad”. El sistema capitalista funciona si personas como usted y yo podemos comprar cosas. Si nos bajan nuestro poder adquisitivo el sistema fallará. Por este motivo hay que luchar contra las desigualdades que el sistema capitalista genera.
      Léase, si puede, el artículo “Ensayo sobre la izquierda”, por favor. Creo que disfrutará.

    • Muchas de las medidas que está aplicando el gobierno español en consonancia con las políticas de austeridad que tanto defiende la Sra. Merkel y que se centran, principalmente, en recortar servicios públicos porqué creen que, por el mero hecho de ser públicos, son ineficientes e ineficaces y en favorecer a los empresarios, en perjuicio de los trabajadores, y al sector financiero, en perjuicio de los ciudadanos.

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