Ensayo sobre la Izquierda

Esta crisis económico-financiera ha puesto en evidencia la incapacidad de la socialdemocracia europea y del pensamiento progresista norteamericano (la Izquierda) para proponer una alternativa creíble y real la cosmovisión neo-liberal y neo-con, (la Derecha)

que ha utilizado esta crisis como excusa perfecta para aumentar su poder, condicionando toda la estructura social occidental. Para superar esta incapacidad y volver a ser el armazón ideológico que ha creado las bases del Estado de Bienestar y, por tanto, el mayor periodo de desarrollo de la sociedad occidental la Izquierda tendría que partir de los resultados de dos análisis que deberían elaborar las distintas ciencias sociales:

  1. El primer análisis debería centrarse en identificar los errores ideológicos y su traducción en políticas que ha cometido la Izquierda y que han provocado este colapso a la hora de combatir esta crisis.
  2. El segundo análisis debería centrarse en conocer cómo es la sociedad occidental actual para saber hasta dónde tendría que llegar el nivel de renovación de la Izquierda.

En lo que respecta al primer análisis, tanto José Luís Álvarez y Ángel Pascual como Carlos Mulas-Granados resaltan que el principal error de la Izquierda ha sido su estancamiento ideológico ante las transformaciones sociales y económicas que ha experimentado la sociedad occidental contemporánea. Centrarse sólo en la protección de los derechos de los trabajadores, seguir teniendo como valor preferente la igualdad de clase o considerar al Estado el único actor válido en la prestación de los servicios públicos coartan la renovación ideológica, según los autores, ya que estos puntos no incorporan las transformaciones sociales y económicas que han experimentado las sociedades occidentales en este inicio de siglo. Y es en este punto donde se hace necesario el segundo análisis. ¿Realmente ha cambiado tanto la sociedad? ¿No será que la Izquierda ha caído en la trampa ideológica que le ha tendido la Derecha desde hace 25 años con la caída del Muro de Berlín y el Fin de la Historia que preconizó Fukuyama? ¿No será que el primer gran error que ha cometido la Izquierda ha sido justificar la deriva ideológica que supuso la Tercera Vía, la gran trampa, con las victorias electorales que fueron obteniendo los líderes que la asumieron (Clinton, Blair, Rodríguez Zapatero, Schroeder…)? Vayamos por partes.

Si hacemos un poco de memoria, en las últimas crisis que se han originado en Occidente la palabra que los científicos sociales han empleado más para explicar su origen ha sido “burbuja”: la burbuja de las .com, la burbuja inmobiliaria, la burbuja financiera… Es decir, crisis que se han originado a partir de unos supuestos económicos y sociales que no eran reales pero que se tomaban como tales debido al periodo de crecimiento económico que hemos tenido en la primera década del siglo XXI. El problema ha venido con la Gran Crisis de 2007, que se ha llevado por delante toda esa burbuja de felicidad y riesgo totalmente asumido en el que se había embarcado la sociedad occidental, exponiendo una vez más la dura realidad: una estructura social desigual en la que las clases dirigentes y las élites quieren perpetuarse en la cúspide de la sociedad sin ningún ánimo de redistribuir la riqueza entre sus conciudadanos, tal y como exponen en sus artículos Antón Costas y Niño-Becerra.

Tantos indicadores que manifiestan, de una manera objetiva, el aumento de la desigualdad social y el empobrecimiento de grandes capas de la población sólo demuestran que se está rompiendo el contrato social, eliminándose así la posibilidad de ascenso social. Y ante estos hechos evidentes se proponen cambios de paradigma tales como centrarse en la protección de la capacidad del individuo como instrumento para su emancipación en vez de la protección de los derechos de los trabajadores, de incluir a innovadores y emprendedores como actores básicos en la cosmovisión de la Izquierda o de incluir a la iniciativa privada y al asociacionismo cívico en la prestación de los servicios sociales. Nuevos paradigmas que parece que se asienten sobre las bases de una sociedad que no ha sufrido ninguna crisis económica, en la que todos los ciudadanos tienen las mismas posibilidades para ser felices, siendo únicamente su culpa si se quedan atrás y no progresan socialmente. Nuevos paradigmas que asumen el sistema capitalista financiero que ha generado la Gran Crisis como el único sistema social que garantiza el bienestar y la felicidad de sus ciudadanos. Fijémonos que son paradigmas que no señalan ningún error por parte del sistema capitalista, más bien al contrario, son paradigmas que se centran en incorporar el discurso capitalista en la ideología de la Izquierda. Y, a lo mejor, ese es el gran error de la Izquierda: no hacer el ejercicio intelectual, desde un espíritu crítico, de proponer una alternativa. Porque espacio para proponer una alternativa real al sistema capitalista hay y mucho.

¿Y a si la Izquierda le está entrando el mismo complejo de inferioridad moral, desde la caída del Muro de Berlín, que hace que se olvide de sus orígenes ideológicos? Igual hay que cambiar la “S” de socialdemócrata por la “S” de socialista otra vez.

El sistema capitalista sigue siendo el mismo, a la espera de que el Sr. Sarkozy lo refunde de una vez por todas. Siguen existiendo los empresarios (los propietarios de los medios de producción) y los trabajadores, que venden su fuerza de trabajo. Y dirán que en esta ecuación faltan los innovadores y emprendedores. ¡Los grandes olvidados de la Izquierda! Pero es que el sistema capitalista es finito y su éxito se debió a la creación del consumo de masas en vez de la creación de empresas. Aun partiendo de la base que este sistema es injusto y genera desigualdades, este sistema ha conseguido el mayor periodo de bienestar de los ciudadanos occidentales constatándose que quién sostiene el sistema es la clase media y la clase trabajadora porque son los que más consumen. Y ha tenido éxito porque se ha basado en un sistema económico productivo en el que conceptos como estabilidad y proyecto vital eran el eje sobre el que se vertebraba toda la sociedad y daban sentido, mediante ese contrato social, a la co-existencia pacífica de los trabajadores y las empresas. Y contra este sistema, la Derecha ha contrarrestado haciéndonos creer a todos que los grandes dinamizadores de la economía son los emprendedores e innovadores, a los que se les tiene que flexibilizar la regulación para favorecer su aparición en el sistema. Pero lo que no dice la Derecha es que la desregulación del mercado a favor de los emprendedores lo que provoca es un empobrecimiento del mismo. Por un lado, los emprendedores dejan de ser trabajadores con vida propia pues, aunque se les venda desde el sistema que pasan a ser sus propios jefes y deciden su destino, no son conscientes de que pasan a ser esclavos que no tienen vida privada. Lo más importante es sacar la pequeña empresita adelante, trabajando todas las horas del día porque hay que pagar los créditos y sostener ese nivel de vida que aspira a ser igual que el de un empresario. Es más, lo que no saben es que han perdido todos sus derechos como trabajadores, que lo siguen siendo, y que, como están en un mercado libre, cuando dejen de tener clientes dejarán de tener garantías para mantener de sus condiciones de vida. Además, con esta desregulación del mercado la Derecha lo que ha conseguido es que estos emprendedores, al tener que asegurarse facturación y ventas a cualquier precio, arrastren el mercado a la baja, obligando a empresas bien asentadas a bajar los precios, eufemismo del cual es “competitividad”. La única manera de mantener un descenso de los precios es reduciendo costes. Casualidades de la vida, o no, el mayor y primer coste que tiene una empresa es el coste de personal. Y aquí es donde la Derecha ha cerrado el círculo porque nos ha hecho creer que los salarios y las plantillas son el principal obstáculo para la competitividad de las empresas. El problema está en que, por ejemplo, los trabajadores de Fagor o Panrico no van a convertirse todos en emprendedores. En cambio, los trabajadores de estas dos empresas, en este caso en concreto, manteniendo su puesto de trabajo sostendrían de una manera más sólida la economía del territorio en el cual están.

Retomando el tema de los errores en los que podría haber incurrido la Izquierda, considero que el segundo gran error ha consistido en olvidarse de todos los aspectos relacionados con los deberes de los ciudadanos. La evidencia histórica demuestra sin paliativos que la Izquierda, en todas sus variantes ideológicas y gracias a todos sus actores sociales desde partidos políticos a sindicatos pasando por asociaciones, ha conquistado todos los derechos que en la actualidad tenemos y gozamos los ciudadanos. Los derechos laborales, los derechos sociales y civiles han sido enormes conquistas sobre las que se ha asentado el mayor periodo de bienestar social y económico de la sociedad occidental. Derechos que no han sido fáciles de conseguir, que han conllevado costes humanos altísimos, con mucha violencia, y que han encontrado una resistencia feroz a reconocerlos por parte de las élites económicas y sociales. Pero este gran esfuerzo que ha hecho la Izquierda ha provocado una especie de olvido respecto a que todo derecho ciudadano viene acompañado de una gran responsabilidad y de una gran obligación por parte de toda la ciudadanía. La Izquierda se ha olvidado de los deberes ciudadanos. Este descuido ha sido aprovechado muy hábilmente por la Derecha para, mediante la demagogia, atacar a la Izquierda por blanda y sensiblera; hecho que ha provocado que, por mímesis, las obligaciones ciudadanas parezca que sean patrimonio exclusivo de la Derecha. Por eso la Izquierda tiene que asumir que no se es menos de izquierdas por denunciar falsos subsidios de paro, o por no priorizar en gestión pública, cuando no se puede, cuestiones post-modernas frente a necesidades más bien materiales, o por denunciar abusos en el absentismo laboral… Tener una especie de complejo a la hora de denunciar estos abusos sobre unos derechos que tanto han costado de conseguir es perder fácil e innecesariamente una batalla que es muy fácil de ganar. Frente a la demagogia basta con predicar con el ejemplo, exigiendo unos derechos y aceptando las obligaciones que esos derechos conllevan. Porque la vulneración de un derecho por parte de quién sea nos perjudica a todos como sociedad y, en eso, hay que ser inflexible. El gran error de la Izquierda ha sido confundir la defensa de los sectores más débiles de la sociedad con una desmesurada e irracional concepción de la compasión sin recibir nada a cambio por el simple hecho de que la persona que recibe u obtiene un derecho es débil y vulnerable. Esta es una idea difícilmente sostenible en el tiempo ya que divide a la ciudadanía en sujetos activos y sujetos pasivos, facilitando la desigualdad, el racismo o el sexismo, dependiendo del sector social que se esté hablando, que tanto se quiere combatir.

Por último, creo que el tercer gran error de la Izquierda ha sido, si bien puede que haya ocurrido de manera inconsciente, el irse encorsetando en las irracionales redes del lenguaje de lo “políticamente correcto” porque ha acabado provocando una autocensura impuesta que ha hecho ininteligible, en infinidad de ocasiones, el discurso hacia la sociedad. Si a esta autolimitación le añadimos un gran déficit en política de comunicación, nos encontramos en que la Izquierda tiene serias dificultades para elaborar y tejer un discurso propio, diferenciador y contundente al discurso de la Derecha que, despojada de estos complejos, expone, sin ningún tipo de rodeos, toda su ideología que, vestida de populismo y demagogia, va calando en las nuevas generaciones con total impunidad.

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2 comentarios en “Ensayo sobre la Izquierda

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