La fascinación occidental por el mal

Poderosa es la atracción que ejerce la visualización del mal en la mentalidad occidental.

En la actual sociedad audiovisual, donde la imagen ya no vale más de mil palabras porque sólo importa la imagen en si misma, unos lo llaman morbo y otros lo llamarán no tener escrúpulos a la hora de aumentar las audiencias y las ventas de los periódicos pero en el trasfondo de estas dos connotaciones se encuentra la necesidad que siempre ha tenido el pensamiento judeocristiano de identificar y personalizar el Mal como contrapunto a la bien pensante cosmovisión que las clases poderosas han querido imponer al resto de la sociedad: nosotros representamos el bien y quienes no son como nosotros son el mal. Por tanto, no puedes pensar ni comportarte como ellos.

A lo largo de la historia occidental muchos colectivos han representado el Mal: los bárbaros, los judíos, los cristianos, los musulmanes, las ideas revolucionarias burguesas, los obreros, el nazismo… hasta que llegó la Guerra Fría y, con ella, la relación entre el Bien y el Mal ya no fue tan vertical sino más bien horizontal debido al equilibrio de poder entre los dos bloques. Cayó el Muro y con él dicho equilibrio: Occidente se quedó huérfano de contrapunto; había triunfado… hasta que llegó el 11 de septiembre de 2001 y con él la aparición de un nuevo Mal, esta vez sin posibilidad de discusión en el sino de la sociedad occidental como era el comunismo aunque sólo fuera a nivel teórico, llamado terrorismo yihadista.

Sino ¿a qué viene tanta focalización de noticias sobre el Estado Islámico centradas en las brutales y medievales ejecuciones que llevan a cabo a lo largo de todo el norte de África hasta el califato instaurado en la península arábiga? El hecho de que el EI se haya vuelto un experto en la utilización de las redes sociales, el máximo exponente de que una imagen ya no vale más de mil palabras ¿nos tiene que hacer caer en su trampa y dar, principalmente, cobertura informativa de sus ejecuciones? Lo digo porque esta guerra parece que sólo exista cuando aparece colgado en youtube y, posteriormente, en los principales informativos de Occidente un prisionero vestido de naranja al que un soldado vestido de negro lo corta el cuello o lo ejecuta cuando cada día la guerra que está librando el EI se cobra la vida de cientos de personas en Mali, Irak, Yemen, Somalia…

En el suplemento Ideas El País, del pasado 5 de julio de 2015, diferentes expertos apuntaban las líneas maestras y los factores clave para elaborar las estrategias efectivas para derrocar al EI. Las declaraciones de Omar Lamrani sobre “cortar la vía de aprovisionamiento de nuevos militantes a través de Turquia (…) invertir en la formación del ejército iraquí (…) cambiar el contexto político y social en Oriente Medio, favorecer una mayor libertad, una mejor educación…” se complementan con los motivos que expone Michael Stephens en su artículo “Una guerra inédita” cuando escribe que “El EI está sobreviviendo y expandiéndose porque se alimenta de un potente cóctel de sentimientos antioccidentales muy arraigados, el odio a los musulmanes chiíes y la debilidad de los Estados que lo rodean.

No basta con hacernos creer que son los malos; que han sustituido a Al Qaeda y a Hitler en la encarnación del mal. Sólo en el debate de las causas y los motivos que llevan a miles de europeos, repito, a miles de europeos a enrolarse en las filas del EI para combatir encontraríamos estrategias mucho más efectivas para ganar esta guerra que la superficial batalla del miedo que libramos a través de las redes sociales.

Una vez supimos de los simultáneos atentados terroristas ocurridos el pasado 26 de junio de 2015 en la playa de Susa, Túnez, en la mezquita de Kuwait y la decapitación en Grenoble, Francia, un amigo mío me comentó que tiene un compañero de trabajo marroquí que solicitó finalizar su horario laboral una hora antes porque está realizando el Ramadán. Su petición fue aceptada y se marcha una hora antes para cumplir con sus obligaciones musulmanas. Ahora bien, ¿estos mismos jefes serían igual de comprensivos si otro trabajador, que fuera católico, solicitase finalizar antes su jornada laboral cada 19 de marzo porque es una fiesta de precepto y, por tanto, el Catecismo (2185) expone que “durante el domingo y las otras fiestas de precepto, los fieles se abstendrán de entregarse a trabajos o actividades que impidan el culto debido a Dios, la alegría propia del día del Señor, la práctica de las obras de misericordia, el descanso necesario del espíritu y del cuerpo”? Posiblemente, no.

Este hecho, que no tiene ninguna transcendencia, será censurado por todos aquellos ciudadanos que se oponen a cualquier proyecto de mezquita en cualquier ciudad occidental arguyendo que, despectivamente, allí no dejarían construir una iglesia, siendo lo más curioso de todo que estos defensores de las distintas versiones del cristianismo nunca pisen una iglesia los domingos ni días de precepto.

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Resulta que una de las motivaciones que llevaron a Seifeddine Rezqui a matar a sangre fría a 38 turistas occidentales era la relajación de las autoridades en el modo de vestir y la permisividad a la hora de servir bebidas alcohólicas a los turistas occidentales en un país que debe ser musulmán. Este atentado execrable y condenable no deja de tener la misma lógica ideológica que todos aquellos que niegan la posibilidad de construir una mezquita. Es decir ¿por qué un musulmán que vive en un país musulmán tiene que aceptar las costumbres occidentales en aras de la libertad individual cuando ningún occidental, que exige el ejercicio de esa libertad en ese país, se cuestiona las normas en el vestir que establece la Iglesia para entrar en cualquiera de sus magníficas iglesias, repartidas por toda la geografía europea, vistiéndose de manera decorosa cuando va a visitarlas?

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Cuando uno se documenta y conoce la historia real de los 4 jóvenes occidentales que se desnudaron en el Monte Kinabalu y que la justicia malaya condenó ¿es tan irracional, reaccionaria y antigua dicha condena?

¿Por qué criticamos y nos ofende tanto el shador o el burka cuando, a lo mejor, que un occidental vaya en bañador o bikini también ofende al resto de ciudadanos de los países musulmanes?

De la misma manera que el trasfondo que subyace en la admiración de muchos europeos hacia el EI son sus pésimas condiciones sociales derivadas principalmente de su condición de musulmán, el Islam como religión se debe plantear muy seriamente el debate ideológico alrededor de cuáles son los límites del legítimo ejercicio de la propia religión. El Islam necesita de su Ilustración, necesita teorizar, bajo su óptica y no bajo la imposición aunque sea de buena voluntad de Occidente, sobre el espacio que debe ocupar la religión en la sociedad. Necesita definir los límites de la esfera pública y la esfera privada para que su religión tenga cabida en este mundo cada vez más globalizado e interconectado.

Al fin y al cabo, se trata de asumir y entender que no es lo mismo una playa que una mezquita.

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7 comentarios en “La fascinación occidental por el mal

  1. La comparación entre el bikini y el shador no me parece afortunada.
    Si aquí una chica no se quiere poner bikini no pasa nada. Si una mujer en ciertos países islámicos no se pone un shador, la pena o sanción puede ser importante.
    El shador se impone a la mujeres; en ningún caso el bikini. Creo que en esa falta de libertar radica la principal diferencia. No tanto en si ofende o no al resto de ciudadanos. A mi me da igual si una mujer lleva un burka o una camiseta de Cristiano Ronaldo. Pero no tolero que impongan su uso (ya sea el del burka o de la camiseta de CR) a mi madre, hermana o esposa; Ojo, si se lo quieren poner porque se pone de moda o porque asi lo han decidido libremente que se lo pongan, cosas más raras se han visto.

    Y es absolutamente cierto que no se pueden construir iglesias en muchos países “islámicos”. Independientemente de que quien lo diga es católico practicante, agnóstico o ateo.

    • Muchas gracias por el comentario. De todas maneras, tienes que tener en cuenta que aquí también se impone una determinada manera de vestir por parte de las distintas instituciones, ya sea a través de normas municipales cívicas de comportamiento, ya sea a nivel del cartel que muestra la foto en la que, de manera lógica, para entrar a un templo no se puede vestir como uno quiera.

  2. Si bien mi comentario no tiene mucho que ver con lo que aquí usted desarrolla quería saber su opinión sobre un tema que me causa confusión. Desde hace unos años el canal History Chanel da mucho espacio a todo lo que tiene que ver con los nazis, temas como Apocalipsis nazi, construcciones nazis, tecnologías nazis etc. A veces pienso que pronto saldrán con un programa titulado comida nazi. ¿Cual es esa morbosa obsesión con los nazis? ¿o es que no hay otros temas en la historia dignos de ser estudiados tan a fondo?.

    • Porque supongo que la II Guerra Mundial es, prácticamente, la única vez que una guerra se puede analizar en términos de lucha entre el “Bien” y el “Mal” (los nazis) en la que ha triunfado el Bien. A ello hay que añadir la cantidad de películas sobre la II Guerra Mundial, el 70º aniversario del fin de la contienda… y que la barbarie nazi es tan enorme, intensa, racional… que sigue fascinando. Las decapitaciones del EI no dejan de ser un acto de crueldad tosco, antiguo, medieval por mucho que se cuelguen al youtube… mientras que la barbarie nazi era la racionalización del exterminio del otro.

  3. Querido Sergi.
    Respecto a tu comentario sobre la vestimenta en las iglesias en Occidente publicado en La Vanguardia, quiero manifestarte que me parece ridículo que no veas la diferencia entre una iglesia y la calle u otros lugares públicos .
    En fin. Después de leer el comentario, se me han ido las pocas ganas que tenía de leer tu blog.

    • La cuestión no es que yo vea o no la diferencia entre una iglesia y el espacio público, que la veo, tal y como puedes comprobar en el último párrafo del artículo. La cuestión radica en si la religión hace esta distinción o no, puesto que pretende influir, condicionar, gestionar todos los ámbitos (público y privado) del ser humano. ¿Por qué no le preguntas a Monseñor Cañizares qué piensa de la vestimenta de las jóvenes españolas en verano?

  4. Bueno yo he conocido musulmanes a lo largo de mi vida y ninguno me ha parecido un monstruo, como últimamente algunos están empezando a decir que son, por generalización. Pero rechazo totalmente la doctrina del Islam y la cultura totalitaria y ultramachista que implica. Yo soy ateo y con intención de apostatar, pero, como espectador no creyente, puedo ver la gran diferencia entre las prácticas actuales del cristianismo (y otras religiones) y las del Islam. La diferencia es abismal, no sé ni siquiera cómo cualquier personal racional y no coartada puede apoyar que, a una mujer, si es violada, la maten a pedradas o la deguellen en mitad de la calle… Cada uno con su conciencia, tanto la del que lo hace como la del que lo apoya.

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