Las matemáticas no son independentistas

En Catalunya el inmovilismo del PP, debido a su mayoría absoluta, y la caída del caballo catalanista por parte del CDC han tensado la cuerda de tal manera que al President Mas no le ha quedado otra opción que convocar elecciones el próximo 27 de septiembre de 2015 con el objetivo final de saber realmente si la inmensa mayoría de catalanes que quieren la independencia de Catalunya es real o no.

Para que gane la opción independentista con suficiente legitimidad democrática, los partidos soberanistas, con mucho sudor y lágrimas pero con poca sangre pues el President Mas tiene la llave para poder convocar las elecciones y la ha hecho servir más de una vez, han confeccionado una lista unitaria y transversal, la tramposa palabra política de moda, para conseguir los necesarios 68 diputados que configurarían la mayoría absoluta y, con dicho mandato democrático, empezar a trabajar en la proclamación de la independencia de Catalunya en un tiempo no superior a 18 meses, periodo que ya ha suscitado nuevas discusiones entre dichos partidos pues para ERC si son 9 meses mejor que 18. Alguien le va a tener que decir a Muriel Casals que, al final, tampoco seremos tan distintos de los españoles para los que discutir y debatir es casi un deporte nacional.

Ahora bien, esa misma legitimidad democrática, a la que tanto se apela desde del bando independentista, puede volverse en su contra como un boomerang debido a la confusión que hay alrededor de un aspecto tan poco simbólico y emocional como es el recuento de los sufragios.

El President Mas, muy hábilmente, está sustituyendo unas elecciones autonómicas por el referéndum que el PP se ha empecinado en no dejar hacer. Y aquí radica el problema que yo encuentro capital pero que todo el mundo pasa de puntillas: ¿Qué reglas utilizamos para contar los resultados, las de un referéndum o basta con la distribución de escaños de unas elecciones autonómicas ordinarias?

Desde el área de influencia del PSC se critica tímidamente, con la boca pequeña, la contradicción que supone el hecho de necesitar 2/3 de la cámara catalana para aprobar el Estatut o la Ley Electoral Catalana mientras que para proclamar la independencia de Catalunya con 68 diputados sea suficiente. Desde el bando independentista se avasalla dicho argumento con el imposible cuestionamiento de una mayoría absoluta parlamentaria. Y aquí es donde el primer boomerang puede golpear al bando independentista. Si el Conseller de la Presidencia Francesc Homs, cuando afirma que “la legalidad catalana es la que tendrá y encontrará legitimación“, se está refiriendo al Estatut de Catalunya que marca claramente los dos tercios para aprobar un cambio de régimen político en Catalunya entonces, ya no son suficientes los 68 diputados sino que tendrían que obtener como mínimo 90 diputados. ¿Dejarán la deriva independentista si no existen 90 diputados a favor de la independencia de Catalunya? Me da que CDC sí pero ese es otro debate.

El segundo boomerang vendría de remarcar, una y otra vez, la excepcionalidad de la cita electoral del 27S, que sirve de coartada para tomar toda una serie de decisiones que, más que excepcionales, se demuestran sorprendentes como la famosa lista unitaria. Si desde el independentismo se apela tanto a la excepcionalidad de la cita ¿Cómo es posible que se cuenten los votos de la misma manera que unas elecciones autonómicas de lo más normales?

A esta duda, el President Mas ponía más leña al fuego lanzando el confuso mensaje, que sirve de cobertura para vencer o perder según convenga a CDC, en una entrevista televisiva de que se tenía que ganar en diputados y en votos.

La distribución enormemente desigual de la población catalana por el territorio, principal escollo para aprobar la Ley Electoral Catalana, es la que provoca mensajes ambiguos como el del President. Teniendo en cuenta que la media de participación de las últimas citas electorales no llega al 63%; teniendo en cuenta que el punto más álgido de la participación electoral independentista fue el 9N, con 1,8 millones de votos, y teniendo en cuenta que en las últimas elecciones del 24 de mayo de 2015 la troika independentista (CIU, ERC y la CUP) descendió hasta los 1,4 millones de sufragios, la duda que surge es: ¿Cómo es posible afirmar que la inmensa mayoría del pueblo de Catalunya, ese al que tanto se apela y que tantos portavoces tiene, anhele, reclame, desee la independencia de Catalunya si en las últimas elecciones no fueron a votar 2,2 millones de catalanes?

De la misma manera que en unas elecciones ordinarias la legitimidad de un parlamento, ayuntamiento… viene dada por los resultados electorales, que tienen que ser asumidos por todos ¡Sólo faltaría!, traducidos en diputados y mayorías parlamentarias diversas tal y como ha sucedido en multitud de municipios y parlamentos autonómicos; en unas elecciones excepcionales se tienen que obtener mayorías excepcionales para poder tener la suficiente legitimidad democrática como para proclamar la independencia de Catalunya sin que nadie pueda cuestionar los resultados.

Al fin y al cabo, estamos debatiendo el cambio en las condiciones de vida de millones de ciudadanos. No se trata de garantizar los derechos políticos y civiles de una minoría como, por ejemplo, los kurdos en Turquía, sino que se trata de cambiar para siempre el ser de millones de ciudadanos y este cambio tan importante no se puede hacer si el 40% de esos ciudadanos pasa del tema.

 

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8 comentarios en “Las matemáticas no son independentistas

  1. respuesta: ese 40% que pasa del tema, que se mobilice. sino, quien calla, otorga.no podemos obligar a la gente a votar, y si realmente hay un 40% de los ciudadanos que pasan del tema, te aseguro que mal del todo no les irá.
    en mi caso, almenos, voto siempre, pero ni que fuera abstencionista convencida, si algo me cabreara soberanamente (y nunca más bien dicho, jejejje) iría a votar justo lo contrario!

    • Está claro que quien calla, otorga, en unas elecciones normales. Pero las del 27S se supone que son excepcionales y, es ahí, dónde a mi me surge la duda de si se puede proclamar toda una independencia de un territorio (opción política legítima) teniendo esos niveles de abstención.

      • El tema es que el 27S hay elecciones al Parlament de Catalunya, no un referendum. Al final, y salvando las logicas diferencias historicas, nos podemos encontrar conn la misma legitimacion que unas municipales dieron a los republicanos ahora hace unos ochenta años

  2. Intentar contar independentistas por partidos viendo las últimas autonómicas o municipales es un grave error desde mi punto de vista, los únicos datos reales de independentistas seguros son el 1,8M que hubo el 9-N. ¿Y eso porque? Pues ese 1.8 sabes que votan a favor, aunque la votación fuera de feria sabes el nº exacto. Si miras elecciones del 2012 como sabes que votaran los de UCD, CDC pese a hablar de pacto fiscal y eso nunca usó la palabra independencia, PSC hay sector Catalanista, gente como Raül Romeva de ICV habrá más, etc etc etc. A l’igual que unas municipales, no me creo que los de BComú no haya indepes, igual que yo mismo, he votado y votaré independencia pero yo esas pasadas municipales voté a uno no independentista, eran ayuntaminetos no cataluña. Por ende el número de escaños necesarios con 68 yo también lo veo justo. En cuánto a los niveles de abstención, no ir a votar significa que no te importa lo que decida el pueblo catalán, entonces hay que mirar el nº de votantes y el % en independencia, meter a estos en el saco del NO, por el simple hecho de no ir alegando que “los del SI votan todos” es una falacia igual de grande que la catedral de zaragoza.
    Saludos.

    • Como puedes leer en el último párrafo, lo que yo digo es que es muy difícil proclamar la independencia de un pueblo cuando tienes un 40% de los ciudadanos que pasan del tema. Con esta afirmación no estoy diciendo que ese 40% estén en contra de la independencia sino, cosa que es peor, que no les importa el tema, que pasan de todo. De todas maneras, en estas elecciones los ciudadanos que se posicionan a lo largo de todo el eje ideológico tienen partidos y listas para votar sí a la independencia, por tanto, yo creo que la interpretación del recuento electoral, en número de votos, estará bastante claro. Otra cosa será centrarse, sólo, en el número de diputados. Entonces sí que la interpretación será mucho más complicada.

  3. La independencia no es algo que se vote sino que se ejerce si la relación de fuerzas en presencia te lo permite. Votar cuando todos los aparatos mediáticos, jurídicos, ideológicos, económicos y militares están en manos de uno de los dos bandos desde hace siglos es simplemente anti-democrático y totalitario. Hagamos un ejercicio de ciencia ficción para poder entenderlo: que España y Francia “concedan” durante, digamos, veinte años la independencia a Catalunya, organizándose ésta en Estado propio y soberano. ¿Alguien se piensa que transcurridos esos veinte años querrán los catalanes volver a ser españoles y franceses? Sería el primer caso conocido en el mundo, ningún Estado que ha conseguido elevarse como tal ente soberano ha querido volver a ser colonia de otro Estado. ¿Acaso los franceses organizaron un referéndum sobre la independencia de Francia en 1945 cuando ésta estaba ocupada y bajo jurisdicción alemana? Va ser que no….

    • No entiendo eso de que “votar” sea anti-democrático y totalitario. Simplemente, es cuestión de definir los niveles de participación y los resultados para poder validar, justamente, esos mismos resultados.

  4. Cuando Franco los españoles también votaban. Votaban en un sistema totalitario, Lo cual votar no es siempre sinónimo de democracia. La primera condición que tiene que haber para votar es, primero, ser libres. Eso se llaman elecciones libres. No creo que sea el caso de Catalunya, donde la espada de Damócles, los ruidos de sables y la parafernalia judicial de otro Estado (el Reino de España) vigilan y amenazan a los “sediciosos”. Un catalán no dispone de un ordenamiento judicial y legal propio, de unas fuerzas coercitivas propias, de una reglas del juego (constitución ) propias. Votar en esas condiciones es votar en ausencia de igualdad, en ausencia de libertad. Es como jugar un partido de futbol con 4 contra 11, con el arbitro a favor de los once, y con la porteria contraria de 1m x 50cm y la tuya de 11 m X 2,5 m y tus jugadores, los 4, con los pies atados. Quien va a saltar al campo en esas condiciones? Los 11 del equipo contrario….

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