Que la sociedad sea plenamente consciente

La sexta condición decía: hacer que la sociedad sea plenamente consciente de lo que está en juego y esté comprometida con la lucha contra el virus. El gobierno de Quim Torra cumplió con esta condición mediante la campaña: Distancia – Manos – Mascarilla. Curiosamente la más fácil para un gobierno.

Y abusó de ella traspasando toda la responsabilidad de los rebrotes a la ciudadanía cuando en la rueda de prensa del 27/07/2020 el President Torra rogaba a la ciudadanía catalana “una nueva y gran solidaridad, de un nuevo y gran esfuerzo colectivo. Se trata de proteger nuestra propia salud y la de los familiares y vecinos”. La irresponsabilidad y la frivolidad no son patrimonio exclusivo de un pueblo en concreto. Este tipo de discursos alimentan el nacionalismo más exacerbado del que todo el mundo huye menos la extrema derecha y los populismos cuyo “papa Estado” sólo sirve para cuidar, proteger y defender a sus creyentes, reprimiendo con dureza a los que no piensan como ellos. Realmente, ¿La madurez de una sociedad se mide por la obediencia ciega de sus ciudadanos a lo que dicte su gobierno o a la capacidad de sus ciudadanos en discernir la idoneidad de dichas normas y la convicción de obedecer las que sean racionales y de desobedecer las que son absurdas y no tienen ningún sentido, rendiendo cuentas al gobierno de turno por no cumplir su parte de responsabilidad ante un problema?

La Generalitat de Catalunya tiene competencias exclusivas en Sanidad. Tiene competencias en Inspección de Trabajo. Tiene competencias sobre las residencias de ancianos. ¿Y toda la responsabilidad sobre la transmisión del COVID-19 tiene que caer sobre el pueblo de Catalunya, así en genérico?

Un desayuno cualquiera. Preparo para mi hijo pequeño de 8 años 2 bocadillos de galletas María Dorada con quesitos, encima de un trozo de papel de cocina. Cuando acaba de desayunar, le digo que recoja su parte. El coge el papel de cocina y, sin doblarlo, se levanta para llevarlo al fregadero cayéndole sobre el mantel todas las migas de las galletas. Ante mi enfado porque no ha tenido cuidado en doblar el trozo de papel para, de esta manera, recoger todas las migas me dice que la culpa es mía porque no le he dado un plato. Además, se enfada conmigo porque le he dado un trozo de papel y eso implica que se cortan árboles en el Amazonas y, por tanto, yo no reciclo. Un plato se reutiliza y el papel no. Por último, antes de marcharse a vestirse me espeta que se han cortado muchos árboles, muchos. Cuando giró por la puerta le espeté: tendrás una carrera política muy fructífera como sigas desviando, de esta manera, el foco de atención delante de una negligencia tuya al que te pide responsabilidades.

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