La irrelevancia del 50%

Catalunya ha vuelto a votar una vez más. Y ya van ocho desde el 26 de junio de 2016 si sumamos lo que pasó el 1 de octubre de 2017. Casi sale a una media de dos citas electorales al año.

La ciudadanía catalana ha votado bajo todas circunstancias imaginables: con sol, con lluvia, en  invierno, en verano, en mitad de una pandemia mundial, como si fuese un referéndum de independencia, como una cita autonómica de los 80, bajo los golpes de las porras de la policía y la Guardia Civil, en paz, por imperativo legal, por el capricho de los gobernantes, por la incapacidad manifiesta para llegar a un acuerdo entre los partidos políticos… Vamos, casi se diría que sólo nos falta ir a votar en Fin de Año.

Y la ciudadanía siempre ha respondido con altos índices de participación. Y en esta ocasión también se hubiese mantenido una buena participación si los medios de comunicación y determinadas opciones políticas proclives a la independencia de Catalunya, calculando que una baja participación les beneficiaría, no hubiesen azuzado el miedo al contagio del coronavirus cuando, desde hacía ya dos semanas, todos los índices epidemiológicos iban descendiendo y se sabía, por la inercia de las olas, que el pico de la tercera ola sería a finales de enero; por lo que la cita electoral era segura como así ha sido. Basta ver la unanimidad a la hora de felicitar todo el dispositivo electoral que diseño el Director General de Participación Ciudadana de la Generalitat de Catalunya Ismael Peña Nieto.

Justamente por la frecuencia de las citas electorales en un periodo relativamente corto de tiempo y la variabilidad de motivos y contextos en los que la ciudadanía de Catalunya ha ejercido el derecho a voto, creo los resultados de estas elecciones no se pueden analizar comparándolos únicamente con la anterior cita electoral al Parlament de Catalunya. Porque es hacerse trampas al solitario. Es no querer analizar los resultados de manera objetiva. Y, en estos tiempos en los que hace falta amplitud de miras para llegar a acuerdos, es más necesario que nunca hacer análisis realistas por muy contrarios que sean a los intereses de los partidos políticos.

Son falsas las declaraciones del Presidente del Gobierno Pedro Sánchez cuando, en la sesión de control parlamentario del 17 de febrero, dijo que los resultados del PSC habían sido “una clamorosa victoria de Illa y del PSC”. De la misma manera que también son falsas las declaraciones de Míriam Noguera, diputada de Junts per Catalunya en el Congreso de los Diputados, cuando le ha espetado al Presidente del Gobierno que “el modelo independentista ganó, y con más del 50% de los votos. El mandato del país es claro y rotundo”. Curiosa manera tiene Junts per Catalunya de analizar los resultados electorales. Quedando tercera fuerza política en votos no se fijan en su propio resultado sino que su bajada electoral la esconden en el conjunto de votos independentistas.

Vistos los resultados del 14F tan erróneo es un diagnóstico como el otro. En las anteriores seis citas electorales ha habido una media de participación del 70% del censo. El 14F hubo una participación del 53,5% no sólo achacable a la pandemia. También han influido, en menor medida, el mal tiempo (que siempre se tiene que tener en cuenta) y, en mayor medida, el enorme hastío de la sociedad catalana ante el bloqueo de la política catalana. Porque, ha sorprendido la cantidad de ciudadanía etiquetada como de riesgo por tener edad avanzada que ha ido a votar, dando ejemplo del gran valor del derecho a voto, ellos que lo han tenido prohibido en su juventud.

La suma de votos de ERC, Junts per Catalunya, la CUP y el PdeCat es igual a 1.437.755 votos. El total de votos contabilizados el pasado 14F es de 2.874.610 sufragios. Eso quiere decir las fuerzas independentistas obtuvieron un respaldo del 50,02% con una participación del 53,5%. Se ha superado el umbral simbólico del 50%, es verdad, pero que Laura Borrás alardee que esas dos centésimas deberían “tener consecuencias e insistimos en que las debe tener; si Catalunya ha demostrado ser más independentista que nunca, también debe ir más lejos que nunca” es autoengañarse y no querer ver la realidad social de los resultados electorales. Lo sabe muy bien ERC con su empecinada voluntad de incorporar a En Comú Podem al gobierno de la Generalitat y lo sabe muy bien la Vicepresidenta primera y ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrátiva Carmen Calvo cuando afirma que “da igual qué porcentaje pueda sacar cualquier partido en cualquiera de las elecciones territoriales, en relación a lo que en nuestro país no es constitucional y no es legal”. Seguramente no diría lo mismo si las fuerzas independentistas en Catalunya obtuviesen más del 80% de los sufragios.

Porque además del bajo índice de participación con respecto a la media de las últimas seis citas electorales, la contabilización del 50,02% plantea ciertas dudas. Los votos de una fuerza extraparlamentaria como los 77.059 que obtuvo el PdeCat ¿se deben incluir en ese 50% o no? Si no incluimos a los 2.494.382 de ciudadanos que no han votado ¿Por qué se tiene que incluir a los que no han entrado en el Parlament de Catalunya? Lo digo porque si quitamos los votos del PdeCat las fuerzas independentistas obtienen un 47,33% de respaldo. ¿Tenemos que tener en cuenta los 39.531 sufragios de las otras fuerzas políticas que tampoco han obtenido representación parlamentaria? Y los 40.966 votos nulos junto con los 24.021 votos en blanco ¿también entran en el cómputo independentista o no?

En el 14F ni la victoria de unos ha sido clamorosa ni la victoria de los otros ha sido tan rotunda. Sin ánimo de pontificar porque utilizar la pequeña realidad social que nos rodea a cada uno no tienen ninguna validez científica, hay dos anécdotas que, a mi modo de ver, reflejan muy bien el sentir de estas elecciones. Por un lado, en la pasada Diada de Catalunya, ni mi mujer ni yo recibimos ningún whatsapp referente a la independencia de Catalunya, los políticos presos del “Procés”, la represión del Estado o cualquier meme asociado a este tema cuando en las anteriores Diadas era un bombardeo incesante de whatsapp con temática independentista. Por otro lado, de las siete personas que conozco muy bien y que no han ido a votar, en un 99% dos hubiesen votado por partidos independentistas y cinco por partidos políticos no independentistas. A veces, ponemos en boca de ese ente amorfo, heterogéneo y gran desconocido que es el pueblo palabras y mandatos que nada tienen que ver con la realidad. Y ese es, posiblemente, el gran error de la clase política.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s